planetaimaginario
El otro dÌa (ver m·s abajo) escribÌa sobre la desapariciÛn de mi
dedo-monstruo...
Un dÌa m·s cercano al de hoy estaba sentado al lado de alguien que tenÌa dos manos. No sÈ por quÈ razÛn mirÈ una de esas dos manos, era la derecha y tenÌa cinco dedos. Entonces lo vÌ, un bulto en el dedo corazÛn:
°el callo de usar el boli! Fue para mÌ como la magdalena de Proust, por mi cabeza empezaron a desfilar de forma caÛtica todas las im·genes de mi infancia y primera juventud, siempre acompaÒado por el callo de escribir, por pasar tantas hora encerrado en una clase. Me gustaba mordisquear mi callo, deseaba eliminarlo (me gusta mordiquearlo todo, Dr. Freud øquÈ me pasa?). Lo extraÒo es que no tengo memorias de mi callo desde hace aÒos, pero nunca habÌa reparado en ello, nunca me habÌa dado cuenta de su desapariciÛn. Que el callo boligrafil ya no estÈ en mi dedo indica, sin duda, que he hecho demasiado el vago en los ˙ltimos aÒos. A ver en este curso me vuelve a salir. Si es asÌ lo volverÈ a mordisquear con fruiciÛn.
Borjamari y Piti se conocen en el Club de Golf. Pronto se enamoran. Al principio tienen mucho de que hablar, pero cuando se quedan en
silencio se besan. DespuÈs de alg˙n tiempo se conocen ya un montÛn y los temas de conversaciÛn se agotan. Pero entonces ya no les apetece tampoco besarse. Los silencios son tambiÈn parte de las conversaciones. Tienes confianza con una persona cuando el silencio no es algo molesto entre los dos. Borjamari aprovecha los silencios para pensar en su swing y en la rubia hija del abogado. Piti piensa en los ˙ltimos modelitos de la calle Serrano y en c˙anto dinero tendra aquel neurocirujano tan mono.
Siempre hay una componente de dolor en la
nostalgia y yo soy tan nost·lgico que me he planteado no hacer nada m·s en mi vida para no sentir la aÒoranza despuÈs.
Lo m·s fascinante del
crimen de ValdepeÒas no es el crimen en si (ya ha habido tantos que no sorprende), lo m·s fascinante es el alcalde de ValdepeÒas, un tal Jes˙s MartÌn. Tienen que verlo en la tele: un alcalde que no es viejo y feo, un alcalde fashion!!!
Me estoy dejando de comer los dedos. Yo, no sÛlo me comÌa las uÒas, sino que encontraba un placer incluso superior en comerme los padrastros, los pellejos, en definitiva, toda la carne de la punta de los dedos. Era como esa gente que deja los huesos de pollo limpios de tanto roer. Gracias a esta pr·ctica y al tabaco habÌa conseguido poseer un
dedo-monstruo. Adem·s de estar lleno de llagas y heridas, estaba totalmente amarillo por el consumo excesivo de cigarros. Era, concretamente, el dedo Ìndice de mi mano derecha, y era lo peor de mÌ mismo, al menos en el plano fÌsico. Ahora el dedo-monstruo se est· transformando en un bello y largo dedo Ìndice, como la rana que se convirtiÛ en prÌncipe. Incluso noto que a la hora de seÒalar funciona mucho mejor (aunque seÒalar sea de mala educaciÛn). Ahora que te vas tan despacio, querido dedo-monstruo, creo que te echarÈ de menos por todo lo que hemos pasado juntos, pero la vida es asÌ, y siempre tendr·s un huequito en mi corazÛn (pero nunca al lado de mi dedo corazÛn, claro).
MaÒana es el gran dÌa. A las 11:30 a.m. tengo mi primera clase de
yoga. Ah!, estoy tan excitado, a partir de maÒana serÈ un ser lleno de paz, ya lo vereis, irÈ levitando a todas partes y no necesitarÈ Abono Transporte. Tal vez sea Èsta la ˙ltima vez que leÈis al viejo txe. Si es asÌ, hasta la vista.
En Septiembre mi corazÛn era un invierno nuclear y mi mam· me llevÛ a almorzar con dos de sus amigos. En un bar pedimos el men˙ del dÌa. Todos est·bamos de acuerdo en que el men˙ del dÌa mola. Mucha comida casera y mucha comida barata. Uno de los amigos de mi madre, de aspecto freak y extraÒa dicciÛn, nos resumiÛ su teorÌa sobre el tema: Èl, para disfrutar un men˙ del dÌa en condiciones Ûptimas necesitaba cumplir tres condiciones, a saber: 1. un buen ambiente, 2. un buen fondo fÌsico, y 3. una actitud mental positiva. DespuÈs de decir esto se metiÛ media patata cocida en la boca. Me hizo sonreir, porque el hombre en realidad pensaba eso. Y me sentÌ tan ridÌculo comprendiendo cÛmo uno puede llegar a descuidar tanto su vida, que est· hecha de cosas pequeÒitas como men˙s del dÌa y paseos por el parque, y pasarse el dÌa con la mente en cosas transcendentales que, al fin y al cabo, tampoco tienen tanta importancia, pues, aunque te duela el corazÛn, la patata va a saber igual y las hojas de los ·rboles se arremolinar·n de la misma forma en los bordes del camino.